Bedia y sus barrios

 

Si nos dirigimos de la plaza hacia Lemoa, el barrio Ibarra despide al municipio. Este barrio, como el resto del pueblo, hoy en día queda a los dos lados de la carretera general. Su paisaje lo componen las huertas y los caseríos, pero si reparamos en el último siglo, veremos que ha concentrado también otro tipo de servicios.

El núcleo de Ibarra lo forman unos cuantos caseríos y casas de pisos, que hoy en día tienen como única función la de vivienda. Pero durante el siglo XX, hubo allí una herrería, a cuyo dueño llamaban Errerua, apodo que afecta a todo la familia incluso en generaciones posteriores. Había en el barrio un par de bares y tiendas para dar servicio a sus habitantes, y el primer teléfono del pueblo tuvo su centralita en el bar de la Herrera.

Si nos adentramos en el barrio llegaremos a Bediakolea. Ahí encontraremos las mayores infraestructuras de Bedia, el palacio y la central, anteriormente ferrería. El Palacio es un edificio grande y hermoso, de estilo barroco, construido en la primera mitad del siglo XVIII. La familia de apellido Bedia, de la torre de Tosubando, que tomaría después el apellido Gortazar fue a vivir a Bilbao, pero regresó a Bedia de nuevo cuando construyeron el Palacio. El historiador de Berriz Juan Eduardo Delmas (1820-1892) dejó escrito en su obra Guía histórica descriptiva del viajero en el Señorío de Vizcaya que esa familia era la original de la torre de Tosubando: “La familia Gortázar, descendiente de Tosubando, reside temporalmente en esta anteiglesia (Bedia), y su primogénito don Manuel Gortázar ha edificado entre el río y el Camino Real, una lindísima quinta con bellos jardines, en los que crecen multitud de árboles y arbustos y las flores más delicadas”.

Bediakolea tiene una presa al lado, que en su tiempo fue muy novedosa, sólida, totalmente fabricada en sillería. En el pueblo todavía se le denomina ‘central’, ya que después de su servicio como ferrería se adaptó como infraestructura para producir luz eléctrica.
Hoy en día un puente da paso de Barroeta a Eroso, pero en el siglo XX la gente utilizaba una pequeña lancha para cruzar el río. Este además tenía mucha vida, ya que era utilizado para lavar la ropa, dar de beber al ganado, para el aseo personal y el entretenimiento de los jóvenes. Los chavales de Elexalde iban a esa zona a lavarse una vez a la semana, a la playa que había delante de Etxatxu, con arena y todo.

Posteriormente, hicieron el lavadero de Ubegi en auzolan, como se acostumbraba entonces, tanto para lavar la ropa como para abrevadero del ganado. Eso conllevaba que los vecinos se juntaban todas las semanas para trabajar y entre todos arreglar el camino de acceso y el propio lavadero. Las mujeres que lo utilizaron no olvidan fácilmente el peso que tenían que transportar en la cabeza una vez lavada la ropa, empapada, de regreso a casa.

La industrialización trajo la contaminación del río al que se arrojaban todo tipo de residuos. Durante años los efectos de la industria han sido nocivos. Hoy en día, en cambio, la actividad está regulada y ya es posible ver peces en el agua.

 

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