Bedia y sus barrios

 

Ereño es uno de los barrios más alejados de Bedia. Se encuentra de camino a Mandoia, en una zona montañosa, maravillosa. Hoy cuenta con los servicios propios del núcleo municipal, pero no siempre ha sido así.

Los numerosos caseríos dan muestra de que hace un tiempo hubo vida en este barrio. Cuando las familias eran más numerosas y suponían mano de obra para la casa llegó a tener hasta cien habitantes.

Los vecinos bajaban a Bedia a la escuela o a misa; y las compras las hacían en Usansolo. Pero teniendo en cuenta que en la mayoría de las casas había ganado y ovejas, el monte ha sido el hábitat normal para sus habitantes. Ese es el motivo del estrecho vínculo creado con Zeberio que queda al otro lado del monte, tal y como lo atestiguan las abundantes relaciones familiares así establecidas.

En Ereño, se celebra la festividad de San Martín el 11 de noviembre, en la ermita del mismo nombre. Esta ermita, en cambio, antes estaba situada en la zona denominada Elexalde.

Junto a la ermita hay una bolera, habitual en muchos barrios, que constituía la forma de ocio más común sobre todo entre los hombres. Las mujeres se reunían en alguna casa para jugar a las cartas o hacer las labores del hogar, tales como hacer lana o punto, desgranar el maíz…

En Ereño hay varios caseríos: Jondobena, Etxebarri, Antonena (Antonenekoa), Sindonena (Sanjuanena), Portxinena (Portitxenekoa), Garaio (Garaikoa), Bekoko; y en los alrededores Zeata, Ereñobeiti y Lexarreta. Algunos de ellos están derruidos, e incluso se han construido varias casas nuevas en los solares que ocupaban.

Los caseríos de Bedia responden mayormente al estilo de los caseríos de Arratia: en la planta inferior está la cuadra para los animales, en la siguiente planta la vivienda familiar, y en el piso superior el camarote. En el área de la vivienda hay un espacio abierto y libre, la sala; y alrededor de ella están situadas las habitaciones. Al camarote se accede desde dentro.

El trabajo diario abastecía las necesidades familiares: la huerta, el ganado, las ovejas, las cabras, los burros. Lo normal era que todos los miembros de la casa contribuyesen en el trabajo y consiguiesen lo suficiente para mantener a la familia.

En el camino a Mandoia nos encontramos una fuente; un sitio magnífico para refrescarnos y continuar con el recorrido. La calidad del agua fue la razón de que debajo de Zeata hubiera un balneario abastecido por el agua de Lekuebaso. Solía acudir allí mucha gente de los alrededores, porque el agua era buena para la salud. La gente recuerda que celebraban romerías y competiciones de bolos.

En este barrio todavía son muy visibles los agujeros de los caleros. Este ha sido un oficio que ha perdurado hasta hace unas décadas. Existe la teoría de que donde estuvieron los caleros anteriormente hubo hornos para fundir hierro. Ese cambio de actividad económica es un reflejo de que nuestros antepasados supieron amoldarse a las necesidades de cada momento.

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